Hijo, ¿dónde estás? (extracto)
Revista Marie Claire. Enero de 2000.

   Más de cien niños españoles están secuestrados por su padre o su madre. Estas son algunas de sus historias, la mayoría sin resolver.

   Cuando alguien muere, su voz queda en el corazón de quién sobrevie como tabla de salvación: se establece con el ausente un diálogo perenne. El secuestro es peor que la muerte, y más cruel cuando se trata de niños. Nadie puede suplir la carencia de una madre o un padre negados. [...]

   Tres años sin Dounia.
   La esperanza de recuperar a los pequeños sacados de su país está en una asociación que nació del dolor y el coraje de una mujer: Belén Tapia, que vive en Zaragoza, dónde dirige una escuela de bellas artes. « La historia del secuestro de mi hija Dounia se remonta a más de un año antes de que desapareciese. Acudí a la policía porque mi pareja me daba unas palizas terribles. Cuando la pequeña tenía seis meses, me ofreció venderme la patria postestad por tres millones. Nadie sabe que la mayoría de los secuestradores son psicópatas, sólo quieren crear dolor. El dolor indescriptible es no saber nada de mi hija desde hace tres años y medio. Cuando me separé de él estaba obligada por el régimen de visitas a entregar a la niña. Un día, vuando vino a recogerla, me dijo: "Ponle ropa cómoda porque la voy a llevar al parque". Tenía dos años y media. En casa quedó el último biberón que ella no se tomó. Al ver que no venían, fuímos al juzgado a medianoche; yo lloraba y una funcionaria con cara de sueño me dijo: "Ya estamos otra vez con la histeria de las madres". Y se negó a despertar al juez. Llamé a la familia de mi ex-pareja, en Marruecos; todos me mentían. Unos días después, él mismo llamó diciendo que quería dinero como rescate de la niña. Me dijeron que la niña estaba en Argelia, así que viajé hasta allí y pagué parte del dinero, pero no llegué a ver a mi pequeña. Puse las primeras denuncias en Marruecos. Para el derecho islámico mi niña es una niña robada, de modo que allí encontré colaboración total, no en España. Después de que se emitiera una orden de busca y captura, un abogado me llamó prometiéndome que me entragaría a la niña. Quedamos en mi hotel, pero vino sin ella. Una semana después, en presencia del embajador de España y representantes marroquíes, el abuelo paterno de mi hija me dijo que estuviera tranquila, que me la devolverían. Cuando fui a su casa me pidió dinero. Entonces acudí al Colegio de Abogados: me comunicaron que se había abierto un proceso por el presunto homicidio de mi hija. El año pasado recibímos la última llamada del secuetrador. Le dijo a mi padre, enfermo del corazón: "No busquéis más a la niña, porque ya no existe". Mi padre entró en coma y falleció a los pocos días. No he vuelto a saber nada de Dounia". »

   La desesperación de un padre.
   Secuestrar no es una prerrogativa masculina, también las mujeres usan a los niños como rehenes del odio. Pedro Navas tiene 43 años, es del Concejo de Ponga (Asturias) y trabaja como camarero. La desesperación de no saber nada de su hijo le ha hecho engordar treinta kilos: « Conocí a Carmen Sofía Suárez de Gijón, nos casamos y nació el crío. Lo llamamos Jesús. Ella es hija de españoles, pero nació en la República Dominicana. Dos años más tarde se fue con su madre a su país y se llevó al niño. En 1994 pedí la separación y me asignaron la custodia del niño. Pero ella se llevó al pequeño de vacaciones y no lo devolvió hasta julio de 1997, cuando lo trajo la madre de Carmen. Tres meses después ella vino a verle. Fuímos a la parada del autobús escolar y cuando el chiquillo la vio no quería bajar. Cuando por fin lo hizo, se me abrazó al cuello. Ella empezó a insultarme por la calle. Yo no le dejaba al niño los fines de semana porque sabía que se lo llevaría, pero el juez me obligó a entregárselo. En 1998 se lo volvió a llevar y no he vuelto a saber de él ». Ahora Adolfo Alonso está tramitando la orden internacional de captura contra ella. « No quiero tener otro hijo, ya que otro pequeño no sustituirá nunca a Jesús ».

   Sin cadáver no hay delito.
   El siguiente testimonio es de una mujer que prefiere no dar su nombre. « Mi marido es egipcio y trabajaba como marino mercante cuando le conocí hace 25 años. Nos casamos enseguida. Un año y medio más tarde nació la niña. Él se pasó todo el embarazo diciendo que no era suya y que me iba a hacer pruebas de sangre. Era de una maldad absoluta. También me pegaba tanto que tuve que ir varias veces a urgencias. Fueron tres años atroces. Después de la última paliza me dijo: "Si te pones en contacto con mi familia, te mato". Al día siguiente me fui con la niña, que tenía diez meses. El juez concedió un régimen de visitas, y cuando le dije al juez que se la iba a llevar me contestó "Mientras no hay cadáver, no hay delito". Y se la llevó. ¿Qué si la he vuelto a ver? Sí. En los últimos años he visto a mi hija tres veces: un rato, en un hotel, en 1992, y veces en 1993. Entonces su padre me dijo que jamás volvería a verla. Él se llevó una niña de doce meses y cuando volví a verla era una mujercita de catorce años. Le dije que le escribiría mientras estuviera viva, y llevo escritas 600 cartas. Al principio me respondía, pero en 1993 me dijo que no quería saber nada de mí y que su padre era su vida. No sé qué ha sido de ella, pero seguí escribiendo. Estoy harta de escuchar: "¿Qué quiere, señora, que mandemos cañoneros a Egipto?" No deseo que nadie sufra lo que yo, pero seguro que si esto le sucediera a algún pez gordo la ley cambiaría ».

    La ayuda de la televisión.
   Francisca Rodríguez vive en Ibiza. Aunque ella ha recuperado a su hija, vive con miedo. Luis Adolfo Sandoval, argentino, trabajaba como masajista y Francisca le conoció cuando se hizo un esguince. « Yo tenía 24 años y enamoré como una loca. No llegamos a casarnos. Un mes antes de nacer me dio un bofetón y me tiró al suelo. Después de muchas agresiones, le pedí que nos concediéramos una pausa, pedí la guardia y custodia de mi hija, la obtuve, y él, un régimen de visitas. En 1996 desapareció con mi hija y con su actual mujer, Mª José Torres. Los localicé en Punta del Este, a través de un detective privado. En el programa de televisión "Quién sabe dónde" saltó la pista de que podían estar en Florianópolis. Debo mucho a Paco Lobatón, mucho. También consiguieron una dirección en Montevideo. Ellos y la persona anónima que llamó desde Uruguay fueron los que, con la ayuda del Gobierno Uruguayo, me devolvieron a mi hija ».

   [...]

¿Qué hacer?

Nuria Chamorro, abogada de la Asociación de Niños Sacados de su País, nos explica la consideración de este tipo de conductas en nuestro sistema legal y los pasos a dar cuando se produce un hecho de estas características. "Hasta este mismo año existía un vacío legal sobre esta cuestión. Hace sólo unos meses que hemos conseguido un proyecto de ley, votado casi por unanimidad, que tipifica como delito el secuestro interparental. Cuando un padre o madre advierte la desaparición del propio hijo durante el régimen de visitas, lo más urgente es denunciarlo al juez, solicitar a través de su abogado el cierre de fronteras si sospecha que se van a llevar a su hijo fuera del país y pedir la prohibición de que el progenitor que no tiene la custodia de su hijo no pueda solicitar un pasaporte para el menor". Otro de los pasos deber ser llamar a la Asoc. de Niños Sacados de su País, al teléfono móvil de guardia, el 607 42 17 96, o al de la asociación, 976 23 11 00. También pueden ponerse en contacto con el despacho de abogados Alonso y Chamorro, cuyo número de teléfono es el 91 573 43 12.

 

Cabecera de página