Belén Tapia con su hija Dounia, a los pocos meses de nacer ésta.

La audiencia de Zaragoza dice que un padre que secuestra a su hijo no delinque.
La Vanguardia. 26.05.2000

   Un acto judicial lleva a un callejón sin salida el caso de una madre que busca a su hija retenida en Marruecos desde hace tres años.

   Barcelona, E. Martín de Pozuelo. Santiago Tarín.
   La Audiencia de Zaragoza considera que un padre que secuestra a su hijo no incurre en delito. Así lo dice en un auto al que ha tenido acceso "La Vanguardia" relativo al caso de Belén Tapia, que lleva cuatro años buscando a su hija Dounia, raptada por el padre y llevada a Marruecos, cuyas autoridades sí que la buscan, hasta el punto de que han detenido a 14 personas implicadas en el asunto. Y mientras el caso se archiva en Aragón, otros jueces españoles sí han admitido querellas similares, que permitieron recuperar niños en Líbano y en Yemen.

   La tragedia personal de Belén Tapia se inició el 20 de abril de 1997, cuando su compañero Abdelilah, de nacionalidad marroquí, se llevó a su país a la hija, Dounia, que contaba dos años. Las dificultades que halló para recuperar a la niña fueron tales que la llevaron a crear una ONG, la Asociación para la Recuperación de Niños Sacados de su País, que en la actualidad investiga el paradero de más de cien menores por todo el mundo y que ha conseguido reintegrar a catorce al hogar familiar.

   Pero lo que la ONG ha conseguido para otros no ha sido posible para su presidenta, Belén. Al comprobar que su hija no regresaba, presentó una denuncia en el juzgado, que consideró que el asunto era una desobediencia a la autoridad judicial por infringir el régimen de visitas y la guarda y custodia, que tenía la madre. Asimismo, cursó una orden de cierre de fronteras, pero no llegó a la policía, quien se encarga de este menester y que por tanto no pudo impedir la salida de Dounia.

   Al cabo de meses, el letrado de Belén Tapia, Adolfo Alonso, presentó una querella contra el padre de la niña por detención ilegal y otros delitos, como los malos tratos infligidos a la madre y el intento de cobrar diez millones de pesetas por devolver a la pequeña. El caso viajó por varios juzgados de Zaragoza hasta que recayó de nuevo en el mismo magistrado que llevaba el asunto de la desobediencia, que lo archivó. El letrado recurrió a la Audiencia Provincial, quien ahora ha dictado un auto desestimando esta iniciativa.

   El auto considera que el delito se cometió fuera del territorio nacional, puesto que se cree que Dounia está en Marruecos, y por lo tanto "la jurisdicción penal española carece de competencia para la persecución". Añade que los delitos atribuidos al padre, Abdelilah, "no son susceptibles de tipificarse como delito de detención ilegal o secuestro".

   Alonso explicó que esta resolución lleva el asunto a un callejón sin salida, puesto que únicamente deja abierta la puerta a proceder contra Abdelilah por desobediencia a la autoridad judicial, que lleva aparejada una pena inferior a un año de cárcel, lo que imposibilita emitir una orden de detención internacional y limita enormemente las posibilidades de recuperar a Dounia.

   Pero el asunto presenta llamativas paradojas. Por ejemplo, que la querella de este caso sirvió como base para elaborar otras, que sí han sido aceptadas por otros jueces de España y que han permitido iniciar procesos que han concluido con la recuperación de niños. Esta es la situación de Miriam Emparanza, que ha podido reunirse con su hijo que estaba secuestrado en Yemen, o de María Jesús Esteban, cuyo esposo se había llevado a los dos hijos del matrimonio a Líbano. Desde allí viajó a Estados Unidos, donde el padre fue detenido y los niños devueltos a la madre.

   Otra paradoja es que la ayuda que se le niega a Belén en España se le presta en Marruecos. La policía de aquel país tuvo detenido durante diez meses a Abdelilah, hasta que se comprometió a devolver a la niña, acuerdo que incumplió y por lo que puede ingresar de nuevo en prisión. Las últimas noticias no son halagüeñas. De la niña no se sabe nada y crece la sospecha de que ha sido asesinada, por lo cual se ha abierto otra causa por homicidio.

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